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Críticas de Cine

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Last updateLun, 18 Dic 2017 1am

Un héroe muy discreto

Un héros très discret

En su segunda película como director —la primera fue Regarde les hommes tomber—, el autor teatral, guionista y montador francés Jacques Audiard ofrece un singular estudio sobre la mentira y, en concreto, sobre la supuesta falsedad de la historia oficial de Francia sobre la II Guerra Mundial. Para ello ha elegido como punto de partida la novela Un héros très discret, del académico Jean-François Deniau. El film —que recuerda en su planteamiento a Bienvenido, Míster Chance, de Hal Ashby— recibió el Premio al mejor guión en el Festival de Cannes 1996 y la Espiga de Plata en la Seminci de Valladolid del mismo año.

La trama describe la alucinante historia de Albert Dehousse (Mathieu Kassovitz), un joven gris, tímido e imaginativo, que vive en un pequeño pueblo del norte de Francia. La infancia de Albert ha estado dramáticamente marcada por el posesivo carácter de su madre y por el inquietante recuerdo de su padre, muerto durante la I Guerra Mundial, en un acto heroico, según la madre, por cirrosis, según los vecinos del pueblo. A pesar de su personalidad distante y apática, casi fronteriza, Albert consigue casarse y encontrar trabajo en los últimos meses de la II Guerra Mundial. Así vive felizmente, ajeno a la ocupación alemana y a la Resistencia, hasta que en 1945 estalla la confusa y tumultuosa paz, con el consiguiente ajuste de cuentas a los antiguos colaboracionistas con los nazis.

En ese momento, algo chirría en el interior de Albert, que decide olvidar su vida anterior y empezar de nuevo en París. Allí malvive durante meses hasta que una serie de encuentros fortuitos le animan a afrontar un plan descabellado: convertirse en el héroe de guerra que no ha sido. Con tanto empeño desarrolla su aprendizaje y con tanta habilidad lo pone en práctica, que Albert se convierte en un virtuoso de la mentira. Así, consigue introducirse en los círculos más selectos de la antigua Resistencia e incluso es llamado para ocupar un puesto de responsabilidad en la zona de ocupación francesa en Alemania. Y el que nunca había tenido nada ahora tendrá todo: honor, admiración, amistad, poder, amor... Pero, también por primera vez, sufrirá el peso insoportable de la conciencia, del sentido moral de las cosas.

En su poderoso guión, Alain Le Henry y Jacques Audiard, dan forma y ritmo a este espléndido argumento a través de una compleja estructura caleidoscópica, salpicada de flash-backs, contrapuntos oníricos, fragmentos de viejos documentales, entrevistas en vídeo a supuestos testigos de la historia y hasta declaraciones del propio Albert ya septuagenario (Jean-Louis Trintignant). Esta arriesgada opción afecta a veces a la claridad expositiva, pero dota a la historia de una riqueza de mensajes y de puntos de vista que enriquece sin duda la vistosa y modernísima puesta en escena de Audiard, en pleno cruce de caminos entre el cine convencional, la televisión y el videoclip. Por su parte, todos los actores encarnan con convicción y recursos a sus personajes, especialmente el joven y polivalente actor-director Mathieu Kassovitz (Metisse, El odio, Assasin(s)), que recrea muy bien a Albert en su paradójica faceta de pasmado caradura, confirmando así que es uno de los nombres clave del cine francés actual. Mención aparte merece la espléndida y sugestiva partitura de Alexandre Desplat, a la que Audiard otorga un importante papel dramático, hasta el punto de mostrar de vez en cuando a los propios músicos interpretando.

Este apabullante despliegue audiovisual sólo se resiente de la indefinición ética del tratamiento de fondo, resumida en la frase publicitaria "Las vidas más bellas son las que nosotros mismos inventamos". Ciertamente, el desenlace parece subrayar el valor de la conciencia moral y la imposibilidad de edificar una vida sobre la mentira, tanto a nivel personal (el cobarde Albert convertido en héroe) como a nivel social (la colaboracionista y ocupada Francia convertida en vencedora del nazismo y hasta en fuerza de ocupación de Alemania). Incluso, parece que la conclusión quiere ser un elogio del arrepentimiento y del reconocimiento de las propias culpas, también personales o sociales. Pero, hasta ese momento final, el film se identifica demasiado
—incluso hasta la simpatía— con el pasmo moral del impostor protagonista; de modo que parece darse por aceptables la irresponsabilidad y el permisivismo sexual de él mismo y de sus amigos —algunos de ellos homosexuales y lesbianas—, mostrados en ocasiones con un excesivo exhibicionismo, sobre todo verbal. Este enfoque deja una incómoda sensación de cínica ambigüedad, que impide disfrutar plenamente de los indudables valores artísticos de la película. J.J.M.

Director: Jacques Audiard. Intérpretes: Mathieu Kassovitz (Albert Dehousse), Anouk Grinberg (Servane), Sandrine Kiberlain (Yvette), Albert Dupontel (Dionnet), Nadia Barentin (Sra. Louvier, Sra. Revuz, La General), Bernard Bloch (Ernst), Jean-Louis Trintignant). País: Francia. Año: 1996. Producción: Patrick Godeau, para France 3 Cinema, Lumiere, M6 Films e Initial Group. Argumento: La novela Un herós très discret, de Jean-Françoise Deniau. Guión: Alain Le Henry y Jacques Audiard. Música: Alexandre Desplat. Fotografía: Jean-Marc Fabre. Dirección artística: Michel Vandestien. Montaje: Juliette Welfling. Estreno en Madrid: 18-VII-97. Distribuidora cine: Alta Films. Distribuidora vídeo: Alta Films / Buena Vista. Duración: 100 minutos. Género: Comedia dramática. Premios principales: Premio al mejor guión en el Festival de Cannes 1996. Espiga de Plata en la Seminci de Valladolid 1996. Público apropiado: Adultos. Contenidos específicos: V X D.

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